miércoles, 23 de abril de 2008

(corta)troncomóvil

¡¡Verdaderamente genial!! ¡¡Menudo cacharro!! Una especie de coche descapotable (que incluso tiene un tapacubos!!) y preparado para cortar madera. En un sitio como Kosovo, en el que los precios de la electricidad (y su poca fiabilidad) hacen que la mayoría de la gente se caliente a base de leña, este trasto es un invento que merecería un premio a la innovación empresarial.

Dedicado al Medina... menuda PAB, eh? :)

viernes, 18 de abril de 2008

Paneras y frixonas en Kosovo

Cuando la ví me quedé de una pieza. ¡¡¡Una panera en Kosovo!!! No es tan elevada como las asturianas o gallegas, pero la función es la misma, proteger el maíz de la voracidad de los roedores. Una prueba más de que la mente humana llega a conclusiones similares ante los mismos problemas.


Y... bueno, pues para que no falte de nada, ahí estaban unes frixones pastando tan felices. No es que la frixona sea patrimonio asturiano, pero éstas al lado de la panera hacían raro escuchar de fondo al muecín y no la gaita ;)

viernes, 11 de abril de 2008

Pollo con patatas a la luz de las velas

Era el primer día que me compraba pechugas de pollo congeladas, y se me hacía la boca agua pensando en la combinación con patatas fritas y una buena ensalada para cenar, después de un largo día de trabajo sostenido a base de café y Marlboro adulterado. Ahí estaban las patatas dorándose, una pechuga comenzando a ponerse blanca y Asha cantando “Fire on the mountain” cuando ¡chas!, se hace la oscuridad y el silencio. Linterna, velas y hornillos de gas para terminar la cena mientras el brrmmm de los generadores de electricidad de los vecinos arruina el momento intimista que tiene una ciudad a oscuras.

En Kosovo hay cortes diarios de duración variable y de periodicidad imprevisible, algunos que duran casi todo el día, y otros que apenas duran veinte minutos o un par de horas. Tan pronto se pasan cuatro días de lujo en los que apenas hay cortes o no duran más de tres o cuatro horas, como te tiras una semana en la que no hay más que cinco horas de luz al día repartidas según designios incomprensibles.

En Albania también sufren cortes de electricidad, pero allí están mejor organizados y siguen un programa: Esta semana tal zona se corta de 10 a 15h y de 22 a 6h, por poner un ejemplo, así que te organizas y comes, cenas y te duchas siguiendo este horario. En Kosovo era también así en los buenos tiempos. Ahora es imprevisible. Totalmente imprevisible. El ordenador se te apaga cuando estabas haciendo algo importantísimo, la tele en el mejor momento de la película o la lámpara cuando estabas llegando al final de la novela. Y así, todos los días, todos los días de todo el año, durante todos los años desde el fin de la guerra, y de eso hace 9 años. ¡9 años!

Bastantes tiendas y negocios tienen pequeños generadores de electricidad diesel, las grandes empresas y delegaciones de organizaciones internacionales enormes generadores a gasolina. Algunas casas tienen también pequeños agregator, como los llaman en albanés, que producen energía para la tele y un par de bombillas. Yo soy de los afortunados que tiene uno. Además, vivo en lo que llaman Zona A que es la que menos cortes sufre, porque hay una B en la que la situación es peor y una C en la que deben de lavar la ropa a mano y conservar la comida en salazón.

La gente lo lleva con estoicismo. Es increíble. Si esto pasara durante sólo un mes en cualquier país occidental rodaban cabezas políticas a todo correr. Aquí el estoicismo roza el pasotismo absoluto cuando te comentan impasibles que en verano los cortes se deben a que la poca electricidad que hay se vende a Montenegro, que la paga a buen precio durante la temporada turística. Y la gente se aguanta y no dice ni mu.

Eso sí, en días señalados como el de la declaración de independencia la electricidad no falta, no vayan los ciudadanos a acordarse de los problemas del país.

Volviendo a mis pechugas, gastronómicamente aquel día fue un desastre: no es sólo que mis patatas fritas salieran fatal, sino que tomé la drástica decisión de no comprar más carne congelada. De hecho no he vuelto a comprar tampoco carne fresca, porque la carnicería de mi barrio no tiene generador y los pedazos de ternera y cordero ven pasar las horas y las moscas desde una vitrina en penumbras de la que parecen condenadas a no salir nunca. Así es la vida en Kosovo, en penumbras impredeciblemente periódicas, con el congelador vacío y comiendo carne sólo en los restaurantes.