sábado, 9 de febrero de 2008

Presentación

Llevo viviendo desde abril de 2007 en el país más joven del mundo, la República de Montenegro. A finales de febrero de 2008 me mudaré al territorio vecino que le va a arrebatar este título, la que será la República de Kosovo. Todavía no sabemos si tendrá apellido... quizás sea la RIK, República Independiente de Kosovo, o la RAK, República Albanesa de Kosovo. RIK o RAK, o lo que sea, seguro que dará mucho que hablar.

Conocí el Montenegro anterior a la independencia y lo cierto es que el país ha cambiado muchísimo en apenas tres años. Se ha convertido en un destino turístico en ascenso imparable, hay desarrollos urbanísticos en toda la costa y la capital vive un boom inmobiliario vertiginoso. BMW, Audi y Mercedes último modelo adelantan de forma suicida por unas carreteras que poco a poco comienzan a adecentarse.

Pero los que no han sabido o podido subirse al carro del crecimiento, los que no tenían casitas en la costa para vender por astronómicas cifras de dólares a los rusos, los que no tenían algún primo o conocido en la administración pública para rascar unas migajas del caudal de dinero, negro o blanco, que comenzó a fluir sin cesar al país, esos siguen trabajando un montón de horas por unos sueldos míseros que se resisten a aumentar. Hace nada el gobierno montenegrino rechazó un incremento del sueldo mínimo de 50 a 55 €, y aunque no sé quién podrá sobrevivir con esa propina, tampoco tengo muy claro cómo llegan a fin de mes los que cobran el sueldo medio, que no llega a los 200 € mensuales.

Kosovo me parece un sitio feo. Y pobre, muy pobre. En Montenegro, la situación es mala para la mayoría pero el país parece ir bien: las variables macroeconómicas que manejan las instituciones económicas son positivas, los precios son casi tan altos como en Croacia, si no más, las ciudades adquieren un look moderno y se invita a los Rollings Stones a un concierto para el que hay que regalar entradas. Se atribuya este boom a la independencia o a la necesidad de los especuladores rusos y occidentales de buscar nuevas presas, lo cierto es que la mayoría de los montenegrinos atribuyen las bondades (que no las maldades) de la situación actual a la independencia y a uno de los líderes ex comunistas más brillantes y hábiles que ha producido el bloque del Este: Milo Djukanović.

En Kosovo la independencia es la respuesta para muchos, tanto allí como en Bruselas o Washington, pero en realidad me temo no plantea más que un tremendo enigma. ¿Qué va a hacer Kosovo para mantener su independencia? ¿De qué va a vivir la gente? No hay recursos naturales que explotar, industria, ni playas o montañas que atraigan turistas, no hay un líder carismático como Milo, ni tampoco oportunidades atractivas para el capital extranjero. Esto lo saben tanto los kosovares como los políticos europeos. Los primeros tienen todo el derecho del mundo a pensar que la independencia no tiene por qué suponer un empeoramiento de su situación. Los segundos, deben estar calculando cuánto dinero nos va a costar (a todos los europeos) sacar un país/Estado/territorio como Kosovo adelante.

Yo creo que ni unos saben lo que esperan, ni otros lo que quieren.

Y yo, ni idea de lo que es Kosovo.

De alguna forma, sin embargo, Kosovo se ha convertido en un “lugar común” o tópico de la política internacional y local de comienzos del siglo XXI. Aunque casi nadie tenga idea de lo que pasa allí, todos saben que hay tomate, y es un gazpacho con una receta complicada. Quizá como lo fue Líbano en su tiempo, una de esas en la que no sabes muy bien quién lucha contra quién, por qué razón, ni por qué el problema se alarga tanto tiempo, ni por qué todo el mundo está tan pendiente de ello, cuando en otros lugares la gente también se mata y odia con ahínco y nadie derrama una gota de tinta por ellos.

Kosovo para mí es un enigma. No voy a ser tan arrogante como para proponerme descifrarlo ni tan imprudente como para juzgarlo; tan sólo voy a describirlo. El objetivo de este blog es expresar mi percepción de Kosovo. Y, no puedo evitarlo, aprovechar para reflexionar sobre el resto de la región, en la que he vivido desde junio de 2004.

No hay comentarios: