viernes, 11 de abril de 2008

Pollo con patatas a la luz de las velas

Era el primer día que me compraba pechugas de pollo congeladas, y se me hacía la boca agua pensando en la combinación con patatas fritas y una buena ensalada para cenar, después de un largo día de trabajo sostenido a base de café y Marlboro adulterado. Ahí estaban las patatas dorándose, una pechuga comenzando a ponerse blanca y Asha cantando “Fire on the mountain” cuando ¡chas!, se hace la oscuridad y el silencio. Linterna, velas y hornillos de gas para terminar la cena mientras el brrmmm de los generadores de electricidad de los vecinos arruina el momento intimista que tiene una ciudad a oscuras.

En Kosovo hay cortes diarios de duración variable y de periodicidad imprevisible, algunos que duran casi todo el día, y otros que apenas duran veinte minutos o un par de horas. Tan pronto se pasan cuatro días de lujo en los que apenas hay cortes o no duran más de tres o cuatro horas, como te tiras una semana en la que no hay más que cinco horas de luz al día repartidas según designios incomprensibles.

En Albania también sufren cortes de electricidad, pero allí están mejor organizados y siguen un programa: Esta semana tal zona se corta de 10 a 15h y de 22 a 6h, por poner un ejemplo, así que te organizas y comes, cenas y te duchas siguiendo este horario. En Kosovo era también así en los buenos tiempos. Ahora es imprevisible. Totalmente imprevisible. El ordenador se te apaga cuando estabas haciendo algo importantísimo, la tele en el mejor momento de la película o la lámpara cuando estabas llegando al final de la novela. Y así, todos los días, todos los días de todo el año, durante todos los años desde el fin de la guerra, y de eso hace 9 años. ¡9 años!

Bastantes tiendas y negocios tienen pequeños generadores de electricidad diesel, las grandes empresas y delegaciones de organizaciones internacionales enormes generadores a gasolina. Algunas casas tienen también pequeños agregator, como los llaman en albanés, que producen energía para la tele y un par de bombillas. Yo soy de los afortunados que tiene uno. Además, vivo en lo que llaman Zona A que es la que menos cortes sufre, porque hay una B en la que la situación es peor y una C en la que deben de lavar la ropa a mano y conservar la comida en salazón.

La gente lo lleva con estoicismo. Es increíble. Si esto pasara durante sólo un mes en cualquier país occidental rodaban cabezas políticas a todo correr. Aquí el estoicismo roza el pasotismo absoluto cuando te comentan impasibles que en verano los cortes se deben a que la poca electricidad que hay se vende a Montenegro, que la paga a buen precio durante la temporada turística. Y la gente se aguanta y no dice ni mu.

Eso sí, en días señalados como el de la declaración de independencia la electricidad no falta, no vayan los ciudadanos a acordarse de los problemas del país.

Volviendo a mis pechugas, gastronómicamente aquel día fue un desastre: no es sólo que mis patatas fritas salieran fatal, sino que tomé la drástica decisión de no comprar más carne congelada. De hecho no he vuelto a comprar tampoco carne fresca, porque la carnicería de mi barrio no tiene generador y los pedazos de ternera y cordero ven pasar las horas y las moscas desde una vitrina en penumbras de la que parecen condenadas a no salir nunca. Así es la vida en Kosovo, en penumbras impredeciblemente periódicas, con el congelador vacío y comiendo carne sólo en los restaurantes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por fin has actualizado el blog...
Supongo que mientras solo sean cortes programados de luz, el problema no será insufrible, aunque no sé si soportaría que se me apagase el ordenador en plena visualización de teens nocturna...

Miguel G. Lázaro dijo...

la movida es que los cortes no son programados, así que lo que comentas te pasaría incluso cuando la visualización fuera diurna ;)